Acompañando el proceso del ictus

Acompañando el proceso del ictus

El ictus, también llamado accidente cerebrovascular, es una de las principales causas de dependencia y discapacidad adquirida en el mundo. Es un problema que puede afectar a cualquier persona, y reconocerlo a tiempo puede salvar vidas y reducir secuelas.

El ictus ocurre cuando la circulación sanguínea se interrumpe en una zona del cerebro.

Se pueden distinguir dos tipos frecuentes:

  • Ictus isquémico, si hay un bloqueo en una arteria cerebral
  • Ictus hemorrágico si hay rotura de un vaso sanguíneo.

Cuando esto sucede la sangre no llega al cerebro en la cantidad necesaria, lo que tiene como consecuencia que las células nerviosas no reciben oxígeno.

¿Cómo reconocer un ictus?

Las señales de alarma son claras y deben generar una reacción inmediata. Ante cualquiera de estos signos, el tiempo es crucial: se debe llamar inmediatamente a los servicios de emergencia.

  • Cara desviada o caída de un lado de la boca.
  • Debilidad en un brazo o pierna, normalmente en un solo lado del cuerpo.
  • Dificultad para hablar o entender el lenguaje.
  • Pérdida repentina de visión, mareos intensos
  • Aparición (súbito e inusual) brusca de dolor de cabeza
  • La pérdida repentina del equilibrio o de la coordinación -generando sensación de vértigo
  • La pérdida brusca de la sensibilidad, de fuerza o debilidad en el brazo, pierna o en la cara.

¿Qué hacer?

Es muy importante identificar los síntomas y reaccionar con rapidez acudiendo a urgencias. Ya que los pacientes que son tratados por neurólogos desde el comienzo de los síntomas logran tener muy pocas secuelas o recuperarse casi por completo.

  • Ir a urgencias, en caso de no poder, llamar al 112
  • No conducir bajo ningún concepto
  • Registrar o apuntar a qué hora comienzan los síntomas
  • Mantener la calma
  • No beber ni comer
  • No ingerir medicamentos
  • Mantener una posición cómoda preferiblemente tumbado/a
  • Llamar a algún familiar o persona cercana para no estar solo/a

Consecuencias

El ictus no afecta solo al cerebro: repercute en todas las dimensiones de la vida. Las secuelas más frecuentes son:

  • Pérdida de movilidad y autonomía.
  • Alteraciones del lenguaje, la memoria y la concentración.
  • Fatiga intensa y problemas de coordinación.
  • Cambios emocionales: ansiedad, depresión, frustración.

La experiencia de quienes lo padecen

Es muy importante tener en cuenta que cuando una persona sufre un ICTUS, en el momento del alta hospitalaria, la persona se encuentra generalmente, asustada, con mucha incertidumbre y miedo, lo mismo la familia.

La información y el apoyo profesional durante el ingreso hospitalario y posterior a él es clave en la recuperación y la mejora en el estado anímico del paciente y su entorno. Por ello, recalcamos que más allá de los síntomas clínicos, las personas que han tenido un ictus relatan una vivencia marcada por la incertidumbre y el impacto en su identidad.

  • En la vida cotidiana, tareas simples como vestirse, cocinar o salir a la calle pueden convertirse en desafíos diarios.
  • En los vínculos socioafectivos, el ictus puede generar dependencia de familiares o cuidadores, lo que modifica las dinámicas en pareja, con los hijos o con amigos.
  • En lo emocional, es frecuente experimentar tristeza, miedo a una recaída y sentimientos de frustración por las limitaciones físicas o cognitivas. A la vez, muchos pacientes destacan que el proceso de rehabilitación despierta resiliencia, gratitud y nuevas formas de valorar la vida.

AENMA: Atención Terapéutica Integral Especializada Centrada en la Persona

El ictus, en este sentido, no es solo una enfermedad médica: es una experiencia vital que transforma la forma de relacionarse con uno mismo y con los demás. Además de la atención hospitalaria inicial, la rehabilitación es esencial para recuperar capacidades y readaptarse a la vida diaria. Por este motivo, la atención que ofrecemos en AENMA se vuelve un factor clave.

Ofrecemos un tratamiento no farmacológico que atiende al proceso de cada uno, adaptando las terapias y sesiones a sus necesidades y posibilidades.

  • Fisioterapia: para recuperar fuerza, equilibrio y movilidad.
  • Terapia ocupacional: enseña a realizar de manera adaptada las actividades cotidianas.
  • Logopedia: trabaja las dificultades del habla y deglución.
  • Rehabilitación neuropsicológica: aborda memoria, atención y regulación emocional.
  • Apoyo psicológico y social: ayuda a la persona y a la familia a gestionar los cambios en la dinámica afectiva y social.
  • Estilos de vida saludables: ejercicio adaptado, buena alimentación, abandono del tabaco y control de la hipertensión y la diabetes.

El ictus es una urgencia médica que debe atenderse de inmediato, pero también es una experiencia personal y social de gran impacto. Con un diagnóstico precoz, una rehabilitación integral y un acompañamiento emocional adecuado, muchas personas logran recuperar independencia, reconstruir sus vínculos y mejorar su calidad de vida.

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